sábado, 19 de marzo de 2011

de su Cuba natal.

Pero Prats sigue desnudando a Ravel en el vestíbulo de su hotel. La música se ocupa de los asuntos donde no llegan las palabras, dice. Entonces un empleado interrumpe la escena y rebuzna que está prohibido tocar el piano. Incluso a alguien, parece, que por una vez sabe hacerlo. Él, un hombre bueno con un carácter de mil demonios, no se inmuta. "Cuando alguien toca en un restaurante, paro de comer y no muevo los cubiertos para poder escucharle". Eso debe ser porque un día, antes de ser una figura mundial emergente, su música también sonó entre el primer plato y el segundo de algún paladar de su Cuba natal. el pais

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